Las lesiones que se producen en los accidentes de Sky, principalmente por resbalones, son las contusiones en región sacra con posible fractura del anillo pélvico, las fracturas de cadera, de fémur, tibiales o de la articulación del tobillo. Por supuesto que los miembros superiores también son objetivo de las caídas al poner las manos como defensa de la cara, el escafoides carpiano y las fracturas distales del antebrazo, son las más frecuentes. Y como no, las luxaciones de hombro, codo y cadera, por este orden, son otras lesiones ocasionadas en terrenos resbaladizos.
Pero la lesión de “moda”, recae en la rodilla, la cada vez más conocida “Rotura de ligamentos cruzados” ocurre porque hoy en día, la equipación es tan buena, que las antiguas y terroríficas lesiones por fractura de tibia y tobillo, al usar aquellas botas bajas de montaña, protegían el pie, y el objetivo de las torsiones y los impactos recaía sobre el tobillo y la tibia. Hoy en día como las botas son rígidas y de media caña, las lesiones se han trasladado del tobillo a la rodilla y aunque las fracturas óseas, son poco frecuentes, si han ganado en frecuencia e importancia, las lesiones ligamentosas y meníscales, pero ¡Cómo vamos a inmovilizar la rodilla que debe ir en posición flexionada para protegerla! De momento no hay nada inventado.
La rodilla es una articulación que se estabiliza de forma dinámica, es decir, en extensión (de pie), la rodilla es más estable, cuando la flexionamos, pierde sujeción y es más proclive a sufrir roturas ligamentosas o meniscales, en función de las líneas de fuerza determinadas por la dirección que llevaba el esquiador y el cambio imprevisto de dirección que toma cuando se gira y se le engancha un sky.
Anatómicamente, la articulación de la rodilla la componen los cóndilos femorales con los platillos tibiales y a modo de polea, la rótula o patela, como componentes oseos. La capsula articular, envuelve la articulación, a modo de “papel de regalo”. Por la parte anterior de la capsula, hay un grueso y ancho refuerzo de unos 2 cm de ancho, denominado tendón Rotuliano, que se inserta en la tuberosidad tibial anterior y salta y se adhiere a la rótula, para continuarse con el musculo al cual se integra, el Cuádriceps. Por detrás, la capsula se repliega en el hueco Poplíteo creando un receso donde están los ligamentos cruzados.
Lateralmente, la capsula articular tiene otro par de refuerzos de 2-3 mm de espesor, uno por la cara interna de la rodilla (ligamento colateral medial) y otro por la cara externa (ligamento colateral lateral), ambos dan estabilidad lateral/medial, entre el fémur y la tibia. Limitan, hasta cierto punto, los traumatismos laterales.
Internamente, en la articulación encontramos los ligamentos Cruzados, Anterior (va de la cara interna del cóndilo externo a la parte anterior de la espina tibial) y el Posterior (va de la cara interna del cóndilo interno a la parte posterior de la espina tibial). Los ligamentos Cruzados son como dos “cordones”, más grueso el anterior que el posterior, que constituyen una obra de micro-ingeniería, pues son funcionalmente activos, en función de la posición de la rodilla, en extensión completa, ambos cruzados están tensos, pero en flexión, bajando escaleras, el activo es el cruzado anterior, en cambio, corriendo hacia atrás (ejercicio que suelen realizar deportistas y futbolistas), es el posterior, el que sujeta la rodilla. En flexión, al estar tenso solo uno de los ligamentos, es como se suelen lesionar, ante traumas frontales o posteriores. Si además, hay un pequeño giro de la rodilla, la rotura está garantizada.
La rotura de uno de los ligamentos cruzados, suele llevar acompañado la rotura de uno de los ligamentos Colaterales y uno o ambos meniscos. Los meniscos, de tejido cartilaginoso, uno interno y otro externo, constituyen una ampliación de la superficie de los platillos tibiales, le dan un plus de estabilidad a la rodilla. Son como dos rampas, en forma de “C” el externo y su reflejo en un espejo, el interno. Por el interior cóncavo de la “C” es por donde se sube la rampa y por la cara externa y convexa de la “C”, es la parte alta, que se encuentra adherida a la capsula articular.
El invento del Scanner (TAC) en los ‘80 y la Resonancia Magnética en los ’90, hizo que se descubriera la lesión por rotura de los ligamentos cruzados, aunque ya se diagnosticaba por la exploración física. Desde luego que su único tratamiento es el Quirúrgico, la única manera de recuperar la estabilidad de la rodilla. Y la técnica a emplear es la reconstrucción del cruzado, mediante la interposición de una plastia ligamentosa, que puede variar de un cirujano a otro. ¿Cuál es la mejor? …La que mejor domine el cirujano. Puede hacerlo por artroscopia, o bien, abriendo la articulación, mediante una incisión medial. Puede usar plastia de banco, o del propio paciente (la ventaja de ésta, es que no tiene rechazo por el paciente, al ser de su organismo). La plastia puede ser solo tendón o de hueso-tendón-hueso.
Retomando los accidentes de sky, los más graves, por llevar asociada mortalidad a la gravedad de las lesiones, suceden cuando el esquiador de temporada (el visitante), se sale de pistas y se mete en zonas con firme helado, con tramos de despeñamiento y de gran verticalidad que lleva a colisiones del esquiador con zonas rocosas.
Por último, dos consejos para los monitores de sky: “Si hay una rampa mecánica para subir un desnivel, arriba debe de haber un monitor esperando a los niños, además del que queda abajo, con el grupo de nobeles”, y el otro consejo, “… Preguntar a los padres por las enfermedades cardiacas o neurológicas existentes en sus hijos”. Aparte de recibir cursos de formación sobre que riesgos asumen.
Y desde luego, a tener muy en cuenta, aquellas personas con tratamiento anticoagulante, han de considerar muy mucho ir a la montaña, pues un resbalón en hielo, suele acompañarse de un trauma craneal y provocar una hemorragia craneal, urgencia neuro-quirúrgica.
Lo dicho, ¡a disfrutar de la nieve, sin lesionarse!